Una regla muy simple para tomar mejores decisiones

Una regla:
No tomar decisiones importantes estando cansado, con hambre o con sueño.

Suena como demasiado simple. Suficientemente simple como para que fuese una de las reglas que acompañan a la regla de oro: no hacer a otros lo que no quieres que te hagan a tí.

Simple, pero no fácil.
El problema está en que cuando uno está cansado no tiene la claridad mental para reconocer que uno está cansado.

¿Has visto alguna vez a una persona que, teniendo que tomar una decisión importante, se asegura antes de haber dormido bien y de no tener hambre?

¿Has visto alguna vez a una persona que se detenga en la mitad de una discusión y reconozca que el problema no es el tema por el cual ambos están discutiendo, sino que el problema es que está de mal humor porque durmió poco?

Pasa poco, ¿no?
Por lo general no paramos a darnos cuenta que estamos de mal humor. Simplemente estamos de mal humor. Y caemos en un espiral de problemas que crean más problemas.

Cuando estamos cansados, con hambre o con sueño nos volvemos personas irritadas incapaces de pensar con claridad. Creamos problemas donde no hay, tenemos una nube negra encima de nuestras cabezas, y discutimos por temas que no valía la pena discutir.

Somos tan irracionales como ese niño que no para de llorar porque su mamá le dijo que no meta las manos en  el enchufe. Todo lo que sale de nuestras bocas crea más y más problemas.

Estando así de negativos e irracionales, no conviene tomar decisiones que puedan cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Acortar un viaje que se suponía que iba a durar muchísimo más.
Retirarse de un deporte que te encantaba.
Renunciar a un trabajo.
Terminar una relación.
Empezar una discusión que no valía la pena.
Etc.

Quizás jamás habrías tomado esa decisión estando descansado y bien alimentado, y la pudiste haber evitado yendo a dormir una siesta o habiendo comido un sándwich.

Estando cansado, con hambre o con sueño la mente se nubla. Es muy alta la probabilidad de que la decisión sea completamente irracional y errónea. Si nos prohíbimos tomar decisiones importantes hasta que estemos seguros que no estamos siendo afectados por cansancio físico, hambre o sueño, reducimos la probabilidad de elegir un camino incorrecto.

Entonces, esta es mi propuesta: la próxima vez que tengamos que decidir algo que sea importante para nosotros, primero detenernos por un minuto a preguntarnos:

¿Me he estado exigiendo mucho últimamente?

¿Dormí bien la noche anterior?

¿Cuándo fue la última vez que comí sano?

Y si nos damos cuenta que sí, que estamos cansados, el próximo paso no sería tomar la decisión que debíamos tomar, sino preguntarnos cómo nos podemos reponer lo más rápido posible.
La decisión se postergaría para cuando estemos descansados, bien alimentados y emocionalmente estables.

Si vamos a cambiar nuestras vidas de un momento a otro, que no pase que hayamos sido influenciados por algo tan básico como que nos faltaba dormir un poco más o comernos una manzana.

Juan Pablo Toro
Juan Pablo Toro

Autor Deportista Nómade

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